Panico en el Congreso

Panico en el  Congreso

LA ENCANTADORA INOCENCIA DE VICTOR - ILOCA

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CORTES Y DESVÍOS EN LA RUTA 5 SUR

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LA IMAGEN QUE HABLÓ AL MUNDO

LA IMAGEN QUE HABLÓ AL MUNDO
Roberto Candia, Agencia AP. Foto tomada en Pelluhue, Región del Maule.

LA HISTORIA

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sábado, 27 de agosto de 2011

EL RELOJ DE MI CASA PARADO EN LA HORA EXACTA DEL TERREMOTO









  • RELOJ DETENIDO EN LA HORA EXACTA
  • CUADROS DESALINEADOS POR EL MOVIMIENTO DEL TERREMOTO
  • LÁMPARA DE EMERGENCIA



lunes, 23 de mayo de 2011

ASÍ SE INICIÓ ESTE BLOG

DOS MINUTOS DE HORROR EL 27 DE FEBRERO DE 2010

COMO VIVÍ EL TERREMOTO EN CHILE

Cuando hay un TEMBLOR de tierra, los que vivimos en lugares sísmicos como Chile, Japón, California etc., reaccionamos con diferentes dosis de pavor. 


  • Hay algunos que pierden la racionalidad frente al miedo. 
  • Hay otros como yo, y los chilenos en general, que hemos aprendido que en presencia de un temblor debemos contener nuestro instinto y emoción y debemos actuar aplicando normas racionales. 
  • Sabemos como actuar ante una emergencia de este tipo. 
Repito: sabemos como actuar EN PRESENCIA DE UN TEMBLOR. 

He pasado miles de temblores (temblor= tiembla la tierra), durante mi vida y algunos terremotos (terremoto=tiembla tan fuertemente la tierra que parece que el mundo se va a acabar). 

En un temblor, no entro en pánico. Normalmente me quedo quieta en el mismo lugar en que estoy, teniendo el control sobre la situación. Los que no tienen experiencia, y se encuentran aquí de paso, corren en pánico hacia cualquier lugar. Es natural. Un temblor, para un neófito, es una experiencia en que la razón cuenta muy poco, es puro terror e instinto de supervivencia. Para quien está acostumbrado... puede ser apenas una sensación de alerta.

Sin embargo cuando hay un TERREMOTO, todos reaccionamos de igual forma. La irracionalidad nos domina y nuestro instinto animal activa un chip de terror en nuestro cerebro que nos grita: corre, corre, aléjate del peligro, sin que siquiera lo pensemos. De manera animal, intuitiva, corremos hacia espacios abiertos, hacia lugares en que tengas una visión del cielo. Es pura adrenalina e instinto. En ese sentido las piernas y el estado físico corre a favor o en contra tuya. Por eso tiende a aumentar proporcionalmente, en estos casos, el número de muertos o heridos entre niños y ancianos.

Un TERREMOTO es una experiencia de pánico total. Tu mente, durante los segundos o minutos en que dura el evento, no consigue funcionar. En ese momento estás igualado a cualquier animal irracional y actúas solo desde el instinto. Es muy difícil conseguir centrar el pensamiento en algo lógico, excepto si tienes a álguien a tu cargo. Alguien como un hijo, un padre inválido, un ser enfermo que sea muy cercano.

Un temblor o terremoto en general no dura más de algunos segundos. A veces, si es muy largo como hoy, dos o tres minutos. Este breve lapso de tiempo es de un terror apocalíptico y suficiente para devastar amplias regiones.

Si uno consigue salir con pocas consecuencias del hecho en sí, viene la preocupación por terceros: parientes, amigos, conocidos. Luego a seguir la etapa de resolver los problemas domésticos. Como proveer luz, agua, alimentación, comunicaciones, reparar o reconstruir, etc.

Mi experiencia de hoy fue un shock total debido a que me encontraba, en el momento, sola en la casa con mi madre inválida, puesto que quien la cuida estaba de vacaciones.

Desperté a las 03:33h de la madrugada de hoy con lo que pensé sería un simple temblor. 



Dormía en el cuarto de mi madre, en una cama al lado de ella. De repente comenzó un temblor (los ruidos subterráneos y los movimientos que acompañan los temblores en general, hasta digamos unos 7 u 8 grados en la Escala de Mercalli - Mercalli, no Richter -  son de poca magnitud y a veces pueden llegar a ser casi imperceptibles). 


En cuestión de un par de segundos mi cuerpo todo se tensó en un alerta expectante. Todos mis sentidos, desde lo más hondo de mi instinto, me hicieron saber que esto era diferente. Aún así me quedé inmóvil un par de segundos más. Segundos suficientes para que se me erizara el cabello en la nuca al mismo tiempo que:



  • encendía la luz, 
  • saltaba de la cama, 
  • me abalanzaba sobre la cama de mi madre que dormía y 
  • levantaba sus cubiertas para intentar cargarla en brazos para retirarla de allí. 
Todo simultáneamente, con una carga increíble de adrenalina. Junto con ello tomaba conciencia, con horror, de que me encontraba sola con mi madre en la casa, y que no tendría las fuerzas ni el tiempo necesario (los segundos necesarios) para cargarla hacia un lugar seguro fuera de la casa. 


Tomé a mi madre e intenté cargarla, en lo cual fracasé, pues ella aún no salía del sopor del sueño. Comencé a arrastrarla, ambas descalzas, hacia la puerta del cuarto intentando llevarla hacia afuera de la casa mientras el movimiento de la tierra bajo mis pies y los ruidos subterráneos se hacían cada vez mas pavorosos.


A un metro de la cama, mientras yo arrastraba el cuerpo inerte de mi madre, se cortó la energía eléctrica y tuve que seguir en la oscuridad. La violencia de las sacudidas, me impedía avanzar, y el ruido ensordecedor de la tierra y objetos de vidrio, que en varios lugares de la casa caían al suelo y se quebraban, aumentó mi pavor y conciencia de que esto era un terremoto. Me asaltó la convicción de que la casa debería estar cayendo encima de nosotras. Mientras arrastraba a mi madre, el suelo bajo mis pies se sacudía en tirones que me hacían perder el equilibrio lanzándome al piso, y los ruidos subterráneos se hacían más aterradores. Tomaron un ritmo asustador, firme, como si aquello fuese a durar para siempre. Ya no eran diez o quince segundos, que ya es mucho cuando se trata de un temblor, hacía más de un minuto que ocurría el fenómeno y no paraba. 


Mi impresión era que en el suelo, bajo mis pies, una locomotora subterránea se abría paso hacia la superficie a una velocidad de miedo, o que una manada de caballos salvajes corría ahí, a no mas de cinco centímetros de donde nosotras nos movíamos, estremeciendo la tierra. Era como si mi casa fuera una lavadora gigantesca que me impulsaba violentamente en un sentido y luego en uno contrario, pero con un ritmo acelerado y un ruido en que crujían los muros, se sacudían los vidrios de las ventanas y se oía un ruido sordo que venía desde adentro de la tierra. 


Creo que demoré más de dos minutos en arrastrar a mi madre una distancia de aproximadamente tres metros. Me caía a cada instante con las sacudidas en ondas que venían desde la tierra. Durante una milésima de segundo de reflexión en aquellos minutos de horror pensé con estupor “el epicentro debe ser aquí, la ciudad entera está cayendo”. 


Conseguí llegar a la puerta del cuarto pero allí mi madre, ya despierta, se aterrorizó en la oscuridad sin entender lo que ocurría y dejó su cuerpo laxo caer al suelo. Intenté continuar, pero se me hizo imposible seguir arrastrándola. Las sacudidas eran de tal violencia que me lanzaban al suelo una y otra vez. Tuve tiempo de pensar, “los muros van a a caer encima de nosotras”, puesto que desde allí no conseguía mover a mi madre que estaba tendida en el suelo. En la semioscuridad - había luna llena pero las cortinas de las ventanas, que son oscuras para proteger el sueño de mi madre, mantenían oscuro el ambiente - percibí alrededor de seis almohadas que se utilizaban durante el día para acomodar a mi madre en la cama. Como pude tiré las almohadas al suelo y luego lancé encima a mi madre, colocando otras encima de su rostro y cuerpo para protegerla ( oh ingenuidad), de la posible caída de un muro. Alcancé también a pensar con consuelo - “ mi casa está hecha con estructuras firmes antisísmicas”, y ahí... cesó todo abruptamente.


Habían transcurrido casi tres minutos. 


En la oscuridad, aturdida por el miedo, me dirigí a la puerta para gritar por ayuda a la casa vecina, de mi hermana. Mi cuerpo temblaba de tal forma por el terror de la experiencia recién pasada y el pánico de que todo recomenzara - lo cual no era improbable - que no conseguía poner la llave en la puerta. Una y otra vez lo intenté mientras percibía que mi hermana me hablaba desde afuera. Mis manos temblaban por el esfuerzo , la adrenalina y el miedo. Al cabo de minutos conseguí abrir…

Entre mi hermana y yo asistimos a mi madre, sin embargo ambas estábamos en estado de estupor, no conseguíamos levantarla y nos demoramos aún algunos minutos antes de atinar a actuar de una forma lógica.

Mi casa resistió sin secuelas el terremoto. Mi madre a los treinta minutos dormía plácidamente ignorando las “réplicas” que se sucedían cada quince o veinte minutos pero, que aún siendo peligrosas, me parecían juego de niños ante lo que acababa de experimentar.
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Catorce horas después del terremoto, cuyo "Epicentro" fue aproximadamente trescientos y pocos kilómetros hacia el sur del país, no se ha restablecido la energía eléctrica en mi barrio. Sé que mi ciudad natal, Talca, tiene todo su centro convertido en escombros, han ocurrido casi con certeza Tsunamis en varias ciudades del sur del país, han desaparecido infraestructuras y casas llevadas por las aguas. No hay energía eléctrica, no hay conectividad telefónica, no funciona el Metro, el transporte público ni el Aeropuerto, debido a las necesidades de mantener medidas de seguridad debido a los daños sufridos y a las peligrosas "réplicas" (reacomodaciones de las placas tectónicas recién removidas, a través de sucesivos temblores o terremotos que siguen al terremoto inicial).

Los problemas de carencia de energía eléctrica provocan otros colaterales. Hay problemas para cargar combustible – las bombas no funcionan por falta de energía, del mismo modo no funcionan los bancomáticos, los supermercados han perdido la cadena de frío de los alimentos. Recién, con mucho esfuerzo se repone la comunicación vial en el país a através de rutas alternativas, puesto que han caído varios puentes y está destruida en gran parte la red vial que conecta el país.

Este es un TERREMOTO HIPÓCRITA, como dijo una autoridad. Hay pocos muertos, porque Chile ha ido incorporando normas de seguridad sísmica en las construcciones, pero los daños en infraestructura son cuantiosos.

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Lunes 01 de Marzo

Es tan terrible lo que aquí ha ocurrido que no es posible transmitirlo. Simplemente se recuerda el horror personal del momento y se piensa en él horror, acrescentado por miles, de aquellas personas que en este momento viven en la calle porque tienen terror de entrar en sus casas debido a las Réplicas.

En las 24 horas después del terremoto hubo más de 60 Réplicas, y siguen. Estos son temblores, que pueden incluso tener las características de un nuevo terremoto. Entonces las familias, traumatizadas, viven y duermen a la interperie. Sin agua, sin energía, sin alimentos la mayoría de ellos. Entonces la conmoción es muy grande. Hay cero posibilidades de vivir la experiencia sin traumas. Imagina, cómo haces para cuidar un enfermo un anciano o un bebé cuando estás tirado en la calle sin infraestructura, con frío con miedo?.

Esclarecimiento. El Epicentro de un terremoto es el lugar en donde se sitúa la fractura mayor (En este caso fue Cobquecura cerca de Concepción, a 325Kmts de Santiago. La totalidad de las casas de Cobquecura estan en el suelo. El pueblo ya no existe), pero el terremoto en sí abarcó un territorio inmenso de aproximadamente 700kmts a lo largo de Chile. En el lugar del Epicentro es donde hay mas daño físico, pero "no es el lugar donde ocurrió el terremoto". El terremoto se desarrolló, en este caso, a lo largo de aproximadamente 700Km de territorio, y a lo largo de estos 700Km hay carreteras destruídas, ciudades costeras alcanzadas por Tsunamis, sectores rurales en donde, hasta hoy, no se ha conseguido llegar, excepto por visiones someras desde el aire. etc. Por eso es que hay daño en infraestructuras tan importantes como el Aeropuerto y pasos sobre nivel en Santiago.

Recién hoy se está normalizando la distribución de víveres, agua y otros a los sobrevivientes.

Consigo imaginar el horror que allí se vive, pensando en la desesperación que vivimos mi familia y yo, en condiciones que dada las circunstancias fueron privilegiadas.

Durante 45 horas estuvimos:

sin energía electrica,
sin teléfonos,
sin suministro de agua (las bombas de agua no funcionaban),
sin televisión para informarnos de lo que "ocurría afuera ".

Simultáneamente sufrimos problemas por:

  • No contar con Supermercados abiertos. Estos no tenían cadenas de frío ni sistemas funcionando debido a la falta de energía eléctrica.
  • No haber bombas de bencina abiertas . Sin energía eléctrica no funcionaban sus sistemas.
  • No tener refrigeradores funcionando, lo cual descompuso los alimentos

Todo esto nos significó 45 horas de penurias, cargando agua en baldes, dificultando cualquier actividad relacionada con la higiene tanto personal como de la alimentación, desplazándonos de noche con linternas. Sin embargo nosotros estábamos en nuestras casas... abrigados, en condiciones precarias de servicios, pero con alimentos suficientes...lo cual era un privilegio.

Una vez que comenzó a funcionar una red radial comenzamos a informarnos a través de nuestros Mp4, Nos permitió estar conectados hasta que se agotaron las baterías. En un primer instante hay solo caos porque todos están en pánico y nadie consigue saber lo que está ocurriendo porque han caido todas las redes de comunicación. No hay radio, no hay teléfono, no hay TV, y las réplicas continúan sucediéndose. Posteriormente comenzamos a informarnos a través de la radio del automóvil y de un pequeño televisor de 5", que se conecta al auto.

La acompañante de mi mamá estaba de vacaciones en Constitución, una de las ciudades mas colapsadas por un Tsunami. Recién conseguí hablar con ella a las 23:00h de la noche del Sábado (20 horas después). (Brevemente tomó señal en su celular ). Ella y su hijo estaban en lo alto de un cerro. Me contó que apenas comenzó el terremoto comenzaron a correr hacia los cerros. Ella y sus vecinos ni siquiera se vistieron. Todos huyeron en camisola, pijama, etc. Esa noche, en que conseguimos contactarnos, ella estaba con cientos de personas en un cerro pasando allí la noche, con frío y con una neblina con bajas temperaturas, pero ninguno de ellos pensaba en volver a sus casas. Ella vió desde el cerro las tres olas del Tsunami . Vió como ingresaban a través del río. (Había luna llena). Sintió gritar a las personas pidiendo auxilio. Flor estaba en estado de shock. Después no he podido comunicarme con ella. No he podido tampoco comunicarme con una prima en Talca. Ninguno de sus teléfonos responde. Benjamín (mi cuñado) aún no puede comunicarse con su hermana en Cauquenes. Dos cabañas de vacaciones en Pelluhue que tienen él y su hermana (situada en lo alto) sirvieron para albergar durante la noche aproximadamente cien personas que arrancaron del Tsunami, que se llevó un tercio del balneario.

Tengo parientes en Concepción y nada sabemos de ellos. No hay conectividad aún. Este país es un caos.

jueves, 18 de marzo de 2010

AQUI IMAGENES DE MI CIUDAD NATAL...TALCA

http://www.fotos.emol.com/?G_ID=13649

http://terremotochile.com/fotos-de-talca-tras-el-terremoto/

http://megagalerias.terra.cl/galerias/index.cfm?id_galeria=48753

http://www.lanacion.cl/noticias/site/artic/20100228/pags/20100228110225.html

http://vasquezparra.co.cc/2010/03/fotos-del-terremoto-en-talca/

VIVENCIA QUE NO SE PUEDE TRASPASAR

No hay nada, NO HAY ABSOLUTAMENTE NADA, que permita imaginar lo que es "in loco" un terremoto o un Tsunami. Pueden leer, pueden ver fotos. Eso es ...NADA.

El terror de la experiencia solo lo conocen quienes lo experimentan. Al resto les queda solo el asombro de lo desconocido.

Es por eso que pongo en este Blog algunas historias de sobrevivientes. No es por morbo. Es, un poco, para mostrar el horror que esto puede llegar a ser...solo mostrar un poco.

VICTOR DIAZ APODADO EL "ZAFRADA"

Victor Díaz . Este niño encantador contó su experiencia en Constitución. Al pronunciar "frazada" (cobertor), se equivocó y dijo "zafrada", motivo suficiente para que los medios, tan obtusos, lo apellidaran con este mote.

Vale la pena ver su testimonio. La ingenuidad de Victor es una pequeña alegría en medio de tanta tristeza que ha azotado este país.

El muestra lo que fue su escuela y cuenta lo terrible que ha sido para él perder su mejor amigo porque se fue a vivir a otro lugar.

Vale la pena verlo...




http://www.youtube.com/watch?v=EiQnPdA2RFI



QUIERO QUE LEAN ESTO 1

RECUERDEN, EL TERREMOTO FUE A LAS 3;34 am. EL MAREMOTO, EN LA ISLA, 1 HORA DESPUÉS.

LA ISLA DE Juan Fernández sale a flote

Cuando el maremoto le pegó una mascada a la isla de Juan Fernández, se llevó a varios isleños. Algunos murieron. Otros desaparecieron.

El océano está tranquilo, el sol bien fuerte y Juan Fernández, majestuosa a la distancia, va quedando atrás. Son las 11 de la mañana del 5 de marzo, y Marcelo Rossi -moreno, por estos días serio, buzo, dueño de la empresa turística Refugio Náutico, 13 años de residente en la isla- pilotea un bode zódiac y se adentra en el mar. A su lado, mirando atento el agua que tanto conoce por arriba y por abajo, lo acompaña su colega Pedro Niada, hace diez años residente de Juan Fernández, operador turístico también y dueño de lo que era el hostal-casa Pez Volador.

A lo lejos se ve algo flotando. Marcelo acerca el zódiac. Es un gran pedazo de zinc y madera, navegando como una balsa a la deriva.

"Este es mi techo", dice Pedro.

Es viernes, ya han pasado siete días desde que un terremoto azotó a Chile, haciendo que cuarenta minutos después el mar se tragara la bahía Cumberland en Juan Fernández, dejando media isla desolada y media isla intacta, y a varios hostales, a la municipalidad, la iglesia evangélica y cincuenta casas y más negocios quizás dónde.
Y porque con esa mascada el mar mató a diez y, además, todavía no devuelve a otros seis, los buzos isleños abren los ojos en el agua para encontrar cuerpos en vez de langostas, antes de que pasen más días y el Pacífico no los devuelva más.

Hasta el jueves, eran ocho los desaparecidos, pero Maite Arredondo Recabarren, de 13 años, apareció en una desembocadura. Su funeral se hizo en el cementerio, ya más limpio de escombros. En la noche apareció Matías Brito, de ocho años, uno de los tres alumnos de segundo básico que desaparecieron. Salió a la superficie cerca de la fragata Condell, que hoy, junto a la fragata Latorre, custodian la isla desde el mar. Esta mañana su cuerpo volaba en un helicóptero, junto a su familia, para ser sepultado en Valparaíso. Se suman a la lista de muertos que incluye a varios isleños y a turistas, como la bióloga marina Paula Ayerdi.

Marcelo y Pedro están en el zódiac junto a Rosa María Recabarren, isleña morena y buenamoza, aros de estrellas y anteojos de sol. Cuando llegó la ola estaba acompañando a un grupo de cuatro españoles en una excursión en un punto de la isla llamado Puerto Francés. El mar se llevó sus carpas; tres se salvaron y uno, Miguel Marín, sigue sin aparecer. Así que estos amigos se adentran en el mar y rodean la isla, lento, mirando al fondo a través del agua translúcida, calipso, creyendo ver algo aquí y acá. Ayer Pedro hizo algo parecido, acompañando a Juan Cristóbal Sotomayor, turista que ha limpiado cada esquina de la isla para encontrar a su polola, Angélica Pérez.

Un pez volador salta por encima del agua. El zódiac da la vuelta y se encamina de regreso al muelle. En medio de los marinos, de los botes, de las toneladas de ayuda que llega desde el continente, se suma al grupo Germán
Recabarren, "nacido y malcriado en la isla", dueño de la empresa turística Marenostrum. Aparece además Willie Martínez, dueño de otra insigne hostería desaparecida, quien también estaba en el agua buscando a su nieto, Joaquín Ortiz. Tenía ocho años y le decían "Puntito". Willie, hombre de la isla, cara curtida por el sol y el tiempo, rumia el nombre de su nieto y se pone a llorar.

Germán Recabarren, Marcelo Rossi y Pedro Niada parten junto a otros buzos y amigos a los escombros donde hasta hace una semana estaba la casa de Willie, y donde hoy los espera Jimena Greene, su mujer, con un Perol, una especie de cazuela de langosta. Todos se sientan entre las maderas, los fierros, las casas retorcidas, a almorzar. Corre un bidón con jugo de naranja.

"¿Nada?", pregunta Jimena. Willie contesta que no.

"Yo creo que el Joaquín se va a quedar en el agua, acompañando a los botes", dice él.
El único cadáver que flotaba en el agua esta mañana era el de un pequeño lobo de mar.

LA OLA

Ni Germán Recabarren ni Pedro Niada tienen casa hoy. Marcelo Rossi perdió todo lo demás, negocios, motos, equipos de buceo. Hace una semana estos tres colegas eran representantes del turismo en la isla, y eran en parte responsables de convertir a Juan Fernández en un destino aventurero internacional. Germán, Pedro y Marcelo se han convertido ahora en damnificados, en rescatistas improvisados de sus conocidos y familiares y en sobrevivientes; los tres escaparon la ola de milagro.

Pedro Niada lo hizo flotando. Desde 1992 que visitaba la isla; le gusta el buceo y su pasión es la fotografía submarina. En el 93 conoció a una argentina de vacaciones en Juan Fernández, Fabiana, y en el 99 se casaron ahí, en un bote en la bahía del Pangal. De a poco montaron una empresa de turismo y hace tres años tenían el Pez Volador. Han criado dos niños en la isla, Dante, de siete años y Luz, de tres. "Lo estábamos pasando tan bien", repite varias veces.

Estaban durmiendo en su casa, junto a su gran amigo Matthew Westcott, cuando Pedro despertó en la mitad de la noche y sintió que todo se movía. No entendía nada. Estaban flotando, casa entera, en el mar. Vinieron los gritos. Era un tsunami.

Tomaron a los niños y cuando se asomaron por una de las ventanas, providencialmente se les acercó un bote. "Yo digo que nos fueron a buscar", dice Pedro hoy, parado en el muelle, dándoles la espalda a los escombros de su casa. Los hombres se tiraron al agua, pasaron a Luz al bote, luego a Fabiana con Dante en la espalda, y cuando ya estaban todos arriba, la embarcación se alejó de la casa. La segunda ola los movió unos trescientos metros más de los que ya se habían desplazado, y terminaron en la playa. Subieron corriendo a refugiarse en altura.

Mientras los Niada flotaban, Marcelo Rossi y su familia estaban con el agua hasta el cuello. Los Rossi dormían en su casa a un lado de la bahía; Marcelo se despertó pasadas las cuatro de la mañana, con el distante sonido de un gong.

En la bahía, con los botes llegando a su casa ubicada a cincuenta metros del mar, daba la alarma Martina Maturana, de doce años, salvando a media isla.

"Otra vez incendio", pensó Marcelo Rossi desde su cama, al escucharla. El sonido, sinónimo de alarma, sonó otra vez. Ahora lo tocaba fuerte el cabo Ignacio Maturana, padre de Martina, quien relevó a su hija.

En la casa de los Rossi, Mónica Quevedo, la esposa de Marcelo, le dijo a su marido que escuchaba muy fuerte el mar. Él se puso una linterna de cabeza, se vistió y salió de la casa, bajando hacia el borde del océano. El mar se recogía rápido, como un río. Partió corriendo a su casa y le gritó a su señora que se estaba saliendo el mar.
Tomaron a los niños y se subieron a su camioneta.

"Ese fue mi error", dice Marcelo hoy, en el tono monótono de quien recita una experiencia traumática.

Estaban los cuatro en su vehículo, cuando se acercó el alcalde, su vecino, para preguntar qué pasaba. El agua les tocó los pies. El alcalde partió corriendo, y Marcelo alcanzó a darle la vuelta al auto y sacar a su hijo de dos años, Alessandro. Fue entonces cuando llegó la ola.

Marcelo y su hijo subieron, como un corcho, con el mar. Pasaron por encima de la camioneta hasta un árbol. Marcelo se aferró a él, y vio cómo Mónica, succionada por el agua, flotaba en un remolino, frente a la camioneta.

"¡La Isabella está adentro!", gritó ella.

Marcelo, desde el árbol, logró llegar a las escaleras de la casa de su vecino y luego subió cerro arriba hasta encontrarlo. Le pasó a su hijo, y bajó a buscar a su mujer y su hija. El agua se había retirado y su esposa no estaba. En la camioneta, mojada y llorando, estaba Isabella, de seis años. Marcelo la sacó como pudo, corrió a dejarla al cerro y bajó una vez más. Todavía faltaba Mónica.

Después de un buen rato gritando su nombre, Marcelo escuchó un débil: "Sí". El agua había arrojado a Mónica en medio del mar, donde había logrado subirse a un techo que flotaba, pensando que su hija había muerto. Marcelo, pensando que si su mujer no lograba salvarse, él no podía dejar a sus hijos huérfanos, se repitió a sí mismo que debía mantener la cabeza fría y no meterse al mar. Le gritó que Isabella estaba viva.

Después de un tiempo eterno, un bote a motor llegó hasta donde Mónica, para llevarla a la orilla. Lo piloteaba su amigo Germán Recabarren, con la cara sangrando y sin ropa.

Germán estaba despierto cuando llegó el maremoto, haciendo un disco isleño en su casa-oficina para despedir a su hijo de 19 años que partía al continente. Tocaron fuerte a su puerta, y cuando se asomó, le gritaron que arrancara, que venía una ola gigante. Él miró las lanchas estacionadas a uno metros frente a su casa, y dijo: "Esto es real".

Pero pensó que estaba a demasiados metros del mar para que llegara fuerte. Le tomó la mano a su hijo y a una amiga, mientras el agua se escurrió lentamente por los pies de su casa. Fue ahí cuando el mar subió de golpe.

"Quedamos flotando, el agua nos arrastró como 50 metros. Yo vi escombros, vi los árboles, palos que se venían encima con una ola negra, de aspecto asqueroso. Emergí como al minuto y medio, al medio de la bahía, sin ropa; esto fue como una lavadora centrífuga full", dice hoy, con puntos cerrándole la herida en su ceja.

Germán logró subir a un bote. Comenzó a escuchar los gritos de la gente, prendió el motor y siguió el origen de las voces, entremedio de un mar lleno de escombros. Había una persona aferrada a un balón de gas, una familia entera en un techo, y en otro, flotando, Mónica, la esposa de su amigo Marcelo.

Cuando a las 6 y media de la mañana, dos horas después del maremoto, volvió a tierra firme, Germán Recabarren la había salvado a ella y a otras nueve personas.

Aún no amanecía; había sido una noche eterna. Recién entonces Germán se dio cuenta que le dolía todo el cuerpo.

LA RABIA

"Ahora no sé qué hacer, estamos súper desorientados", dice Pedro Niada, parado en el muelle, a una semana del tsunami. "Probablemente no van a dejar construir ni una vivienda en el borde costero, no sé si el turismo se va a recuperar y acá va a ser difícil recomenzar, reconstruir algo, porque va a faltar mucha mano de obra. La gente va a estar trabajando en la municipalidad, la Capitanía de Puerto, los servicios públicos, hay mucho que reconstruir". La esposa de Pedro, Fabiana, ya viajó de vuelta al continente junto a sus hijos, para vivir con sus suegros mientras el matrimonio decide qué hacer. Pedro se quedó ayudando y buscando los pocos equipos que recuperan del mar; Germán Recabarren ha decidido quedarse, lo mismo que Marcelo Rossi y su mujer, Mónica, que se pasea por la isla en su uniforme de dentista con una expresión de profundo cansancio; ha tenido que identificar a los cuerpos rescatados por su dentadura.

Hoy el borde costero está regado de escombros y sobrepoblado de marinos que trabajan en la limpieza del lugar.
Las maderas útiles se apilan a un lado, y en otro, las insalvables se queman. Los isleños damnificados cortan árboles y ya comienzan a planear sus viviendas. Christian López, concejal de Juan Fernández, cuenta que todavía no hay decisiones zanjadas respecto a la reconstrucción, pero que probablemente se les recomendará a los habitantes vivir más en altura y dejar la costa para negocios; la escuela provisoria ya tiene su terreno listo arriba de un cerro, y se espera el inicio de clases para el 22 de marzo. Dice además que llegarán casas para los damnificados que no son mediaguas. Isleños más antiguos, como Willie Martínez, dicen que si los dejan, quieren reconstruir sus casas donde mismo no más.

Los habitantes de Juan Fernández comienzan a avanzar. Lo único que los detiene en su resignación son los desaparecidos, las búsquedas y la rabia contra lo que podría haberlo evitado todo: la alarma.

Aún no se sabe bien qué pasó, qué hizo que el suboficial de la Capitanía de Puerto no diera la alarma oficial, sino que después del gong, avisó gritando a algunas casas cercanas. Varios habitantes, incluido el cabo Ignacio
Maturana, llamaron por teléfono a la guardia para avisar las noticias del continente, y nadie contestó.

LAS GANAS

Son las siete de la tarde y Juan Fernández entero parece estar congregado en lo que queda de plaza, frente al mar.
Hay muchas madres con niños pequeños, que acaban de reír a carcajadas con una presentación del mimo Tuga, traído desde Valparaíso para levantar ánimos. Los marinos, cansados, retornan al muelle, y cuando los infantes de marina marchan ordenados, los lugareños en la plaza prorrumpen en aplausos y vítores.

Martina Maturana, convertida en heroína nacional gracias a la hazaña del gong, dejó hace un rato el muelle, junto a su padre, para ir a tomar una avioneta hacia el continente y llegar a la Teletón. La despidió su madre, Millene Gálvez, su pequeña hermana Antonia y su perra Mona. Martina no sabía muy bien qué se va a poner para salir en televisión; "Tanta ropa que me quedó", dijo, con la risa que todo el día le alumbra la cara.

Mientras Pedro Niada habla por celular con sus amigos de Isla de Pascua, en el muelle se cocina un Perol con un cerro de langostas. Los lugareños dicen que harán uno día por medio para los marinos. Los uniformados hacen fila, plato en mano, para disfrutarlo.

Germán Recabarren conversa con los pescadores en el muelle, cerca de las ollas. Según él, el espíritu que los inunda hoy es el de la superación. "No ha sido fácil crecer turísticamente en la isla. Hace sólo 15 años que estamos como bien organizados. Así que ver esta tragedia es doloroso, pero no desestimulante, estamos todos con las pilas puestas para hacer todo mejor", dice. "Yo perdí dos sobrinos, es más triste que la cresta, y ahora nos estamos tirando al agua para buscar los cuerpos de nuestros parientes. Pero es lo que corresponde hacer".

Marcelo Rossi conversa con los comandantes de las fragatas Latorre y Condell. Saca dos fajos enormes de dólares y de pesos de sus bolsillos: Hace un rato, un cabo de la marina ha encontrado entre los escombros su caja fuerte, con cuatro millones de pesos adentro. Aunque estaba abierta, no faltaban ni cien pesos. Marcelo sonríe, de oreja a oreja, por primera vez en el día.



TEXTO Isabel Plant, desde Juan Fernández. Diario La Tercera

HABLA PIÑERA

Quiero, al igual que mis connacionales, desesperadamente, que le vaya bien a Piñera.

  • En el tercio mas poblado de Chile, cierran empresas y dejan cesantes a miles de trabajadores. Esto significa pobreza. Solo se pueden alegrar los envidiosos.
  • Cuando comienza a llegar la tranquilidad de la tierra, comienzan a aparecer los cáculos del daño. Asustan cada vez más las magnitudes de la reconstrucción.
  • Carretereas destruídas, cientos de miles de casas destruidas, aeropuertos, pasarelas peatonales, carreteras, edificios públicos, cárceles, juzgados, hospitales, escuelas, puentes, edificios, templos, a largo de un tercio del territorio del país, más del 15% de la población del país sin techo (DIJE, SIN TECHO), en un país con un invierno "ad portas", que significa frío, hambre, dolor. REPITO...FRÍO, HAMBRE Y DOLOR.
  • No importa la solidaridad. Nadie, nadie puede imaginar como está Chile. El país que hasta hace un mes era la envidia de muchos; hoy, un tercio de él, es un territorio desolado, destruido, con cientos de tragedias personales que aún no estan contadas para el mundo... como la de Tomás en Constitución que se salvó del tsunami, no así sus abuelos. Lo último que le dijo su abuelo antes de ser separados por el oleaje del mar, para siempre, fué : "SUJÉTATE BIEN DEL ÁRBOL. NO TE SUELTES", o la historia de la anciana sorda e inválida de Constitución, de 93 años, que vió como su hija, de 75 , y su nieta, de 55, se despedían con un beso de ella diciéndole que la amaban, antes de abandonarla a su suerte puesto sabían que no la podían cargar para huir del tsunami.

ES EL HORROR EMOCIONAL

Las carreteras aún estan cortadas. espero en estos días viajar a mi ciudad natal. He visto en fotos destruida la Iglesia del Corazón de María, en donde fui bautizada y en donde mi hermana se casó. Una iglesia bellísima, majestuosa, que parecía que nada podría afectarla. Es dar una adiós a nuestra historia, a nuestros recuerdos, a parte de nuestra vida.

miércoles, 17 de marzo de 2010

HORA DE LEVANTARSE

Se necesitan Ingenieros, albañiles, carpinteros, electricistas...

Se compran: Madera, cemento, ladrillos, cables, cañerías, vidrios, fierros ...

Se necesitan empresas de demolición...

Para levantar 500.000 viviendas destruidas y reparar 1.000.000 afectadas en su materialidad...

lunes, 15 de marzo de 2010

BLACKOUT Y CANSANCIO...

El apágón de anoche que dejó a 80% de los chilenos sin energía eléctrica, durante varias horas, me provocó una sensación de cansancio. Ni siquiera fastidio. Apenas cansancio.

El ser humano va perdiendo la capacidad de asombro. Cuando las personas han sido bombardeadas con imágenes de tragedia durante 15 días, pasan a ver como cosa menor el que el país quede sin sus servicios durante 4 horas.


Ni siquiera me provoca interés mayor comentar lo extraño que fue ver como el nuevo presidente al ser abordado por peridiodistas para solicitar esclarecimientos ante la alarma pública, en las primeros minutos del apagón , se alejaba dando la espalda diciendo que las declaraciones las daría la ONEMI, u oir como las nuevas autoridades durante dos horas se dedicaron a hacer comentarios llenos de obviedades. "Parece ser..." "Es muy probable que..." "Todo indica que...". Es muy claro que no tenían idea de lo que había ocurrido. La telefonía celular colapsó de nuevo por el miedo.

Creo que nadie sensato espera que el nuevo gobierno, sin mayor cercanía con la cosa pública, se desempeñe con alta eficiencia desde el primer día, pero por lo menos uno querría que se muestren transparentes en su accionar. No intenten pasar al país una imagen de superhombres. Después del 27 de Febrero de 2010 hay cero posibilidad de que una imagen de esas sea creíble.

SON TIEMPOS EXTRAÑOS

sábado, 13 de marzo de 2010

"ARGENTINA ABRAZA A CHILE"

En estos momentos se desarrolla en Argentina un concierto a beneficio de aquellos que estan desabrigados por el terremoto del 27 de febrero en Chile.

El concierto se llama Argentina abraza a Chile.

Son tan importantes estos gestos. Son gestos de las personas a las personas, del hombre al hombre. Es bueno recibir la solidaridad de los gobiernos de otros países, pero actos como el que se desarrolla, en este instante, en Argentina, no derivan de lo políticamente correcto. Es un gesto que viene de la emoción, de la empatia, de reconocernos todos como hombres, sin fronteras y simplemente empatizar con el dolor de...otros hombres.

En general los países que tienen límites en común tienen una historia de rencillas, disputas y tontas competencias, y antiguamente incluso guerras. Y no es diferente en el caso de Argentina y Chile, en donde por épocas resentimos a nuestros amigos argentinos y en donde ahora muchos de ellos nos resienten a nosotros los chilenos. Ambos nacionales nos acusamos, mutuamente, en distintas épocas de arrogantes. Creo que siempre fueron unos pocos, los menos, los tontos de siempre. Pero tenemos historias ricas de intercambio de amistad que deja en el olvido actitudes de distanciamiento provocada, a veces, por gobernantes con propósitos excusos.

Acciones como las promovidas por León Giecco, este gran artista argentino, muestra que los hombres tenemos esperanza, en el sentido de que queremos dejar atrás las divisiones interpaíses. Que comenzamos a ver claro que el hombre es uno solo. Una especie que tiende, espero, a mirarse como iguales. No es fácil el camino puesto que todavía el planeta está amarrado a institucionalidades y desconfianzas arcaicas. Pero, un poco cada día, evolucionamos hacia la integración verdadera del hombre.

Saludo desde aquí a mis amigos argentinos Hector y Rita, que en este momento viven en Neuquén. Los conocí hace años, cuando vivían en Chile. Después del terremoto recibí un mail de Hector preguntando por las circunstancias en que lo viví.

Dejémonos de mezquindades antiguas. Nos necesitamos todos. A veces unos, a veces otros, pero la vida en el planeta ciertamente es más fácil cuando pensamos que podemos contar con la solidaridad de otros hombres, y se siente el corazón licuado cuando la solidaridad viene de aquellos que algún día miramos como nuestros adversarios...

Un abrazo para los argentinos...